Después de aquella noche larga y angustiosa del 26 de septiembre, quedé en un letargo inspirativo.
Recuerdo con escalofrío mi angustia, y me imagino la de millones de venezolanos, viendo pasar las horas y el CNE no daba los resultados de las elecciones. Finalmente a las 3:30 am, y en cadena, nos dieron los resultados. Estaba capciosa por la actitud del CNE, por tanto, vi algunos de los resultados con desconfianza. Me acosté a dormir finalmente como a la 4:30 am con aquel mal sabor que dejó esa posición poco clara del órgano electoral.
Al día siguiente me estuve preguntando la razón por la cual no dieron los resultados más temprano, si el Gobierno obtuvo un porcentaje importante de escaños a la Asamblea. Después de tanto conversar y analizar los resultados me convencì que fueron buenos. La gente votó, habló, opinó y dejó claro que no estamos de acuerdo en cómo se está gerenciando nuestro país. El 52% de la población que vota expresó su descontento y la necesidad de un cambio de timón.
Después de ese importante día regresó una supuesta tranquilidad y volvimos a la cotidianidad. Inicio de clases, colas, compras de última hora de útiles, pago de colegio, organización de calendarios, etc. Y pasan los días…. Y repentinamente nos encontramos con un Presidente más radical que nunca.
No nos dejan de sorprender sus Alós Presidente con las ya cada vez más usuales “expropiaciones”. Y nuevamente ese mal sabor en la boca. ¿Para dónde vamos?, ¿A dónde nos llevan?, ¿Por qué nos dejamos llevar?, ¿Por qué no reaccionamos?, ¿Cuándo me tocará a mí?, ¿Cuándo me va a quitar todo aquello por lo que he trabajado y por lo que he luchado?.
Y los días pasan. Y la rutina nos come. El día a día, el trabajo, las actividades y la infinidad de dificultades que se nos presentan hacen que el tiempo pase rápido, muy rápido…. Ya vamos para 12 años… y la costumbre nos cubre y nos paraliza.
Cada vez se hace más cuesta arriba vivir aquí, pero aquí seguimos… En este letargo, en esta intranquilidad pacífica.