Los que han leído sobre la libreta de racionamiento cubana saben cómo este instrumento funciona… una libreta de cartón con hojitas que entrega el gobierno la cual contiene una lista de productos de primera necesidad; cada producto tiene especificado la cantidad que se puede comprar, es decir, lo que el Gobierno considera que debe consumir cada familia.
Estos productos, racionados se compran con la moneda nacional, sin embargo, y como en todo sistema controlado y regulado, surgió el mercado negro, en el cual la gente adquiere otros productos que requieren para su consumo diario… en este mercado, con otra moneda, pueden comprar tomates, zanahorias… y uno que otro producto que necesita la familia y que no están en la libreta de racionamiento.
No serán pocas las veces que al presidente de nuestro país se le habrá cruzado por la mente la maravillosa idea de imponernos la tarjeta de racionamiento. Conozco mucha gente que ha dejado de dormir y viven atormentados con tal idea… y no es para menos… nosotros los venezolanos, tan consumistas, que nos impongan qué comprar y peor aún, cuánto comprar...
Por estos días se habla de la tarjeta del buen vivir. ¿Cómo funciona?, ¿cómo se obtiene?, ¿cómo y dónde se usaría?, ¿qué establecimiento la aceptaría?, ¿tendría costo para el usuario?... muchas son las interrogantes. Y lo más importante, ¿realmente quedará como una idea más o la podrán en práctica?.
Por lo pronto, particularmente, no voy a dejar de dormir ni preocuparme por esto. ¿O es que no nos dimos cuenta que ya a nosotros nos impusieron una lista de racionamiento? Desde hace tiempo ya no podemos comprar en un solo establecimiento todos los productos que queremos y necesitamos, en las cantidades que queremos y de la marca que más nos gusta… O peor aún, lo que compramos hoy es el doble de caro que hace uno ó dos años, y por tanto, con el mismo dinero estamos comprando la mitad de lo que solíamos comprar.
El que tenga ojos… ¡que vea!
08/09/2010

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