domingo, 19 de septiembre de 2010

¿Y cuándo vas por la niña?

Si bien ya pasé los 40 y mi último hijo nació hace unos cuantos años, no he parado de escuchar esta pregunta: ¿y no vas a tener otro? ¡Te falta la hembrita!. La pregunta siempre me ha fastidiado y reacciono de manera diferente, dependiendo del momento en el cual me encuentro.
Recién nacido mi hijo, y el otro pequeñito, si alguien se me acercaba y me hacía la pregunta, casi comenzaba a llorar. ¡Cómo voy a pensar en otro, si apenas puedo lavarme los dientes con estos dos bebés!.
Al año siguiente, si un familiar se acercaba y me decía: ¡qué lindos! … ¿y la niñita?... me daba una especie de escalofrío… cómo puedo pensar en tener otro si más nunca pude dormir completo.
Un año después, ya más grandecitos mis hijos, algún amigo al que no había visto hacía tiempo, con un tono gracioso, soltaba la perla nuevamente… Ay, tan lindos… ¡te falta la niñita para que te haga compañía!. En esta ocasión ya era rabia… ¿Qué? ¿Engordar de nuevo? ¡Con lo que me está costando rebajar!.
Y así pasó el tiempo y no falta algún chistoso o sin oficio que venga con ese comentario. Cada mes o año, aparece una persona que vuelve a preguntar lo mismo. Y lo que no sabe esa persona es el remolino de ideas, sentimientos y miedos que me deja ese simple comentario o esa pregunta.
Y vuelvo… ¿Pero cómo voy a pensar en otro hijo? No me da tiempo para nada. Me levanto temprano, preparo la comida, los llevo al colegio, los grito como loca por las peleas en el carro, regreso en cola, trabajo un poco ¡Y ya llega el mediodía y otra vez!... Búscalo, llévalo, regresa, corre, vas a llegar tarde, apúrate… y ahora esta cola, no llego para buscarlo cuando me dijo la profesora! Y llegando a la casa a estudiar, pelear, gritar y repetir una y otra vez las mismas frases… Come, báñate, baja los codos de la mesa, siéntate, no juegues con la comida, en los cuartos no se come, ¡no me hables así!. Todos los días lo mismo. A las 10 no hay esposo, novela o libro que valga. Sólo quiero dormir....
Pero detalle menor… hay que comprar los útiles, mañana hay que pagar el transporte, aumentó el colegio, al zapato se le abrió un hueco, la directora recomendó que lo lleve al psicólogo, tiene caries, ya toca la vacuna, ahora quiere jugar beisbol, se acabó el cereal, ¿Cuántas veces vas a comer?. La realidad es que por estos tiempos mantener a un niño es una tarea ardua, por no decir aterradora.
Sin embargo, esto también es un detalle. El tema más importante, y que sí quita el sueño, es que como padres somos los únicos responsables de la educación de nuestros hijos. Que de la educación, valores y principios que impartamos dependerá el tipo de persona que serán en el futuro.
¡Qué tarea tan complicada!, para mí la más difícil que me hayan asignado. Sinceramente no sé como antes la gente tenía 5, 8 y hasta 15 “muchachos”. Y menos puedo entender que en esta época las familias venezolanas pueden tener 3 ó más hijos.
Hoy me lo volvieron a preguntar. Me causó gracia y se me ocurre ¿será que la gente está cansada de hablar de lo mismo y es una manera de cambiar de conversación?.
No sé… Pero !NO ME LO PREGUNTEN MAS!  
                                                                                                                                           

2 comentarios:

  1. ufff Migdalia, te entiendo, tu sabes solo tengo a Isa y TODO EL MUNDO me pide otro.
    Pero pensando en el pasado, talvez la gente del pasado no estaba tan sobresaturada como nuestra sociedad moderna... ah que me diste ganas de hablar sobre la superabundancia. Besos amiga

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  2. Me dio mucha risa...sobre todo el final...creo que la gente cuando no tiene nada "nuevo que decir" inventa ...sí, pero sobre la vida ajena, jajajajaja. A nosotras las solteras nos fastidian con el tema de los novios, a los casados con el tema del encargo, a los divorciados con el segundo conyugue y/o la reconciliación y así sucesivamente ...Yo no tego hijos (ni intenciones a corto plazo de tenerlos) pero entiendo el fastidio de las preguntas imprudentes ...y mientras tanto ¡buen humor! y mucha soda, seamos felices con la situación en la que estemos sin dejarnos agobiar por los demás.

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